Memorias de un mochilero (2ª entrega)

Como os prometimos, aquí está una nueva entrega de “Memorias de un mochilero” por Enric Gibert.

De nuevo un gran trabajo que agradecemos enormemente a Enric. Divertiros!

“Memorias de un mochilero, capítulo 2”

“Para esta segunda entrega de las memorias de un mochilero voy a contaros una anécdota que me/nos ocurrió durante el campeonato del mundo de 2001, el primero que acompañaba a César como su mochilero. En aquel entonces yo tenía un Renault 19 con más de 200.000 kilómetros. El coche iba muy bien, pero era ya “viejito”. Aquel año el Mundial era: España (Sant Fruitós de Bàges), Francia (La Tour de Scay), Alemania (Talheim) y Japón (Itadori).

A pesar de lo que mucha gente pensaba, nunca César me pagó ningún viaje ni estancia. Le acompañaba porque quería y disfrutaba mucho haciéndolo. Tan solo Monty, como fábrica, me pagó un par de viajes por su propia decisión. Nunca pedía nada a nadie. Aquel coche era lo único que tenía para viajar. Sant Fruitós está a 60 kilómetros de casa, por lo que fuí y volví tranquilamente. Al cabo de tres días, mi mujer y yo salíamos con el Renault 19 hacia la Tour de Scay, a principio de Agosto.

Teníamos previsto dormir a medio camino pero no fuimos capaces de encontrar un hotel con habitación libre. A las cinco de la mañana, hartos de buscar , paramos en un área de servicio a dormir un rato. Hicimos la carrera, quedó segundo por cierto, y justo acabar no me quedé ni a los podiums, porque mi mujer al dia siguiente tenía que ir a trabajar. Salimos hacia Barcelona y de la Jonquera hasta Barcelona tuve que parar más de cinco veces porque me dormía al volante. 900 kilómetros del tirón después de una prueba de mundial fue excesivo.

Tres días después de Francia volvíamos a salir hacia Talheim. Teníamos por delante 1300 kilómetros y el Renault 19 no daba signos de fatiga. Después de unas horas de ruta llegamos a un peaje, aprieto el freno y el pedal se va de golpe hasta el fondo y el coche no se frenó ni 10 km/h. Empecé a “manchar” rápidamente y cogió tacto, buff!!. Logré frenar reduciendo y ayudándome con del freno de mano. Estábamos a mitad de camino y había dos opciones: llamar a la grúa y volver o seguir. César y un mundial me estaban esperando y seguimos. Conducía con mucho tacto, acelerando suave y frenando media hora antes de lo normal. Conseguimos llegar a Alemania, pero sin frenos.

Las casualidades quisieron que el camino del camping a la prueba era una gran recta con una pendiente impresionante. Hicimos ese camino con mi coche unas cuantas veces, tirando de freno de mano y bajando en segunda, pero lo hicimos. A través del organizador de la prueba logré contactar con un taller de reparaciones que, en domingo, me cambiaron la bomba de freno, que era lo que estaba roto.
Pero aquí no acaba la historia.
Después de ganar en Alemania, me dijeron que me iba a Japón porque nos jugábamos el Mundial con Dani Comas, que en aquella época corría para Megamo. La rivalidad era máxima. Había que volver rápido a Barcelona, revisar pasaportes, hacer maletas, etc..

Salimos el liunes a primera hora, Yo y mi mujer con el renault y César con su Toyota Celica y la caravana. Antes de salir me dice” Enric, en la primera gasolinera paramos que voy muy justo de gasolina”. Empezamos a tirar y allí no aparecía ninguna gasolinera. Aquella zona perteneció a la Alemania Oriental, antes de la caída del muro de Berlin, y todo era aún muy distinto a la Alemania “Europea”. No había gasolineras!. Al final, con un tubo de goma sacamos gasolina de mi depósito y llenamos un poco el Celica hasta que, por fín, encontramos una gasolinera. En toda una mañana habíamos hecho unos 200 kilómetros. Empezamos a bajar y justo después de comer se revienta una rueda de la caravana. Bueno, pensamos, la cambiamos y seguimos, pero resultó que César no llevaba la llave de las tuercas de la rueda y no podíamos sacarla. Yo tampoco llevaba aquella medida y empezamos a parar camiones y gente con caravana para saber si la llevaban. Nadie llevaba aquella medida. Al final, a través del seguro, apareció un coche-taller de ADAC (el RACE o RACC de Alemania) y nos aflojó la rueda y la pudimos cambiar. Se había hecho de noche y decidimos parar a cenar y a dormir. Un día entero y aún estábamos en Alemania. Cenamos, nos vamos a dormir y por la mañana desayunamos y nos disponemos a seguir el camino. Con mi 19 arrancado en el parking, espero que Cesar pase delante, pero no pasa.
De pronto, veo que se acerca a pie y me dice “el coche no arranca, no se encienden ni las luces del tablero”.

Como mi profesión es mecánico de motos, me he encontrado muchas veces con cosas de estas y empezamos a mirar fusibles, etc., pero todo estaba bien. Al final nos dimos cuenta de que por la noche César olvidó desenchufar la caravana del coche y la nevera, luces y otras cosas electrónicas se comieron la batería del coche.
Para acabar de comprobar que todo era correcto, sacamos la batería de mi coche y la montamos en el Celica, Arrancó a la primera. Ya estaba claro que era la batería y necesitábamos una nueva. Volvimos a montar la batería en el Renault 19 y nos fuímos autopista arriba, autopista abajo buscando un pueblo u otra área de servicio en la que comprar una batería.

En otra área de servicio 40 kilómetros más adelante encontramos una batería parecida a la suya, pero no era la que tenía que ser. Volvimos otra vez 40 kilómetros para atrás hasta “nuestra” área de servicio y montamos la batería. El coche arrancó y, un día y medio después, logramos seguir nuestro camino y llegar a Barcelona.

Por cierto, en Japón ganamos el  mundial y la batería “parecida” estuvo montada en el Célica tres o cuatro años más.

Hasta la próxima, siempre en equilibrio!!!

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